Se conoce como cuenta corriente (abreviado: cta. cte.) a un contrato bancario que permite al titular de la cuenta depositar fondos y disponer de ellos de manera efectiva, a través de diversos productos como talonarios, cheques, cajeros automáticos, ventanillas de bancos o transferencias electrónicas, pero que al mismo tiempo no genera ningún tipo de intereses a favor de su persona.
Una cuenta corriente permite al usuario disponer de su dinero, comprar, pagar impuestos y realizar pagos de otros tipos de servicios del propio banco, siendo su cuenta de ingresos principal. A ella suelen asociarse tarjetas de débito, tarjetas de crédito, monederos electrónicos y otros productos. Usualmente, cuando se contrae un préstamo, se pagan sus cuotas mediante descuentos en una cuenta corriente, lo que se denomina débito automático.
Para la apertura de una cuenta corriente suelen exigirse diversos requisitos, mayores que una simple cuenta de ahorros, como verificaciones salariales, revisiones de récord crediticio, etc. Y a menudo la institución financiera exige un monto mínimo de apertura, cuando no un saldo mínimo (para no pagar monto de mantenimiento).
En Argentina, se entiende la cuenta corriente distinto a muchos otros paises, ya que esta funciona como una línea de crédito abierta (giro en descubierto o sobregiro bancario) a favor del cliente, de la que puede disponer hasta un monto máximo (acuerdo de sobregiro o descubierto), siempre y cuando pague lo adeudado el mes siguiente sin falta.
Como se ha dicho, una cuenta corriente es una herramienta para disponer más ágilmente del dinero ingresado, que suele ir acompañada de instrumentos como chequeras o tarjetas de crédito.
Dado que una cuenta corriente no genera intereses a favor del usuario, suele entenderse no como un depósito de ahorros, sino de dinero destinado a su uso cotidiano, es decir, una cuenta en la que entrará y saldrá dinero con asiduidad, de la que se descontarán préstamos, impuestos, etc.
DIFERENCIAS ENTRE UNA CUENTA CORRIENTE Y UNA CAJA DE AHORROS.
Las cuentas de ahorro, a diferencia de las cuentas corrientes, son instrumentos financieros más sencillos: depósitos bancarios en los que se deposita dinero que será poco movilizado (o menos que en la corriente, al menos), y por lo tanto destinado a crecer.
Por tener un proceso más sencillo que una cuenta corriente, las cuentas de ahorro no reciben instrumentos financieros como tarjetas de crédito o chequeras (usualmente sólo una tarjeta de débito) ya que su fin es la acumulación de capitales; por esa misma razón generan un porcentaje mensual determinado de intereses a favor del titular, depositados a fin de mes en la propia cuenta.


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