¿Por qué la Economía es una Ciencia? Tradicionalmente se define la Economía como la ciencia que estudia la asignación más conveniente de los recursos escasos de una sociedad para la obtención de un conjunto ordenado de objetivos.
Es
una ciencia porque utiliza la metodología científica y así poder llegar a sus
resultados y conclusiones. La metodología es una palabra que designa la
investigación de los conceptos, teorías y principios básicos de razonamiento de
una determinada parcela del saber.
La
metodología de la Economía, es la aplicación a la Economía de la filosofía de
la ciencia en general. La Economía se dedica al estudio del comportamiento
humano y, por tanto, invoca como causas de las cosas a las razones y motivos
que mueven a los agentes humanos. Logra proporcionar teorías deductivas
rigurosas sobre las acciones humanas.
La
Economía es una Ciencia Social. Con rasgos diferenciadores, es similar a otras
ciencias como, por ejemplo, las de la naturaleza, ya que todas ellas utilizan
la metodología científica que consiste en la construcción de modelos teóricos
basados en supuestos e hipótesis con la ayuda de las reglas de la lógica
deductiva, para deducir implicaciones o conclusiones.
Éstas
pueden ser contrastadas con los hechos del mundo real, y lo más importante,
pueden ser falsas, y esto es lo que diferencia a las investigaciones científicas
de las que no lo son.
La
Economía como Ciencia Económica, utiliza dos tipos de proposiciones: positivas
y normativas. Únicamente las primeras tienen carácter estrictamente científico,
positivo. Se caracterizan por referirse a lo que es, a lo que ocurre, es decir,
a lo que puede ser confrontado con la realidad.
Las
proposiciones normativas se refieren a lo que debería ser, llevan incorporadas
juicios de valor y, por tanto, en principio no son contrastables con los
hechos.
La
Economía como Ciencia, nace en 1776 con la publicación de la obra de Adam Smith
"La riqueza de las naciones". La filosofía de Smith es un puro
reflejo del espíritu de aquella época, ya que creía en el orden newtoniano de
la naturaleza, es decir, en un universo mecanicista cuya organización armoniosa
y benéfica prueba la sabiduría y la bondad de su Creador.
En La riqueza de las naciones, Smith intenta conciliar la nueva ciencia de la economía política en un universo newtoniano, mecánico y, al mismo tiempo, armónico y benéfico, en el que la sociedad se beneficia de las no intencionadas consecuencias de la búsqueda del interés particular de cada persona. Smith se convirtió en el profeta de la sociedad comercial del capitalismo moderno, fundiendo el liberalismo político de Locke con su propio liberalismo económico en el que la iniciativa privada, motivada por las ganancias, propulsó las innovaciones tecnológicas de la revolución industrial, de una manera independiente a la intervención del gobierno.
Las
doctrinas de la escuela de los economistas clásicos, Malthus, David Ricardo y
John Stuart Mill, en esencia se construyeron sobre las ideas de Smith. Escuela
que presidió la historia de la economía
durante los ciento cincuenta años que siguieron a la publicación de La
riqueza de las naciones, hasta la gran catástrofe económica de la Gran
Depresión. Época en que comenzó a debilitarse la creencia en la capacidad de
ajuste automático de las economías, basada en el "laissez faire" y en
la Ley de Say.
Los
principios de los clásicos contrastaban con las anteriores tendencias del pensamiento
económico. Los medievales se habían inclinado hacia la caridad, como forma de
resolver el problema económico. Los mercantilistas habían exaltado la
prosecución de la ganancia nacional y habían visto en ella la llave del poder y
de la abundancia. Los fisiócratas, habían dado la máxima importancia a la reconstrucción
de la agricultura, como forma de vencer a la escasez y a la pobreza. Smith
pidió la puesta en práctica del laissez faire, es decir, de un sistema de
libertad natural, como el medio mejor para conseguir la riqueza de las
naciones. Los individuos podían buscar su propio interés particular, pero
independientemente de sus intenciones, un orden providencial tendería a
transformar el afán por el interés privado en un instrumento al servicio del
interés de la sociedad.
Posteriormente,
hubo escritores que vieron en la competencia una lucha en el sentido de un
darwinismo social, con la supervivencia del más apto, y no la autorrealización
del individuo. Durante el siglo XIX, la
escuela clásica se enfrentó con tres desafíos, el primero fue el de la escuela histórica,
el segundo el de los socialistas y el tercero el de los marginalitas o
economistas de la utilidad marginal de la década de 1.870, pero sobrevivió a
los ataques de los economistas históricos y al de los socialistas.
Fue ya en el siglo XX con John Maynard Keynes y su protesta hacia el laissez faire, lo que hizo tambalear a todo el edificio de la economía clásica. A raíz de la Gran Depresión de los años 30s, Keynes escribió La Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, publicada en 1.936.
En
aquel entonces la posibilidad de los gobiernos para intervenir en las economías
era sumamente bajo, y no alto como actualmente sucede en muchos de los países
desarrollados. Gracias a las políticas Keynesianas llevadas a la práctica, las
economías de los países industrializados experimentaron un crecimiento rápido y
sostenido, pero a partir de los años 60s comenzaron a experimentarse algunos de
los problemas derivados de la aplicación de estas políticas económicas: la
aparición de la inflación.
¿Cuáles
fueron los efectos de aquella semana negra en Nueva York? En los años 20s del
siglo XX, el mundo occidental vivió un auge extraordinario, a partir de
septiembre de 1.929, las cotizaciones bursátiles de los valores se desplomaron.
Este fenómeno dio paso a una tremenda caída de la producción industrial, es
decir, a un derrumbamiento del PIB real y a un espectacular aumento del
desempleo.
De
aquí el fenómeno denominado Gran Depresión. Así fue como el modelo clásico de
corrección y ajuste automáticos daba muestras de no funcionar. ? Habría
sobrevivido el sistema de mercado de no haber intervenido los gobiernos en la actividad
económica? Probablemente no, habría sido el fin del capitalismo como Marx
predijo. Y si hubiera funcionado lo habría hecho a gran lentitud y a un plazo
demasiado largo como para ser soportado por las sociedades democráticas
occidentales.
¿No les está ocurriendo lo mismo a los países en vías de desarrollo con la globalización? El problema económico central es el de la satisfacción de las necesidades siendo los recursos escasos, que desemboca en otro problema de asignación óptima de los mismos, es decir, en la eficiencia. El segundo problema central es el de la distribución de la renta, que además de ser un problema técnico-económico, es una cuestión que engloba otras de tipo social e incluso morales y que desemboca en un problema de justicia o equidad de dicha distribución. Este último no hay que olvidarlo a la hora de diseñar las políticas económicas neoliberales por parte de todos los gobiernos....




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