El cheque nace a mediados del siglo XVIII, como consecuencia de una decisión de la monarquía reinante en Inglaterra.
En efecto ello ocurrió cuando la corona concedió al Banco de Inglaterra el privilegio exclusivo de emitir billetes, prohibiéndoselo a los demás bancos (1708). A partir de ese momento éstos se vieron imposibilitados de entregar a sus clientes billetes como constancia de los depósitos recibidos en metálico. Como forma de sobrevivir y seguir operando, los banqueros empezaron a convertirse en aceptantes ab origine de letras giradas a las vista por los clientes; éstos giraban en contra de los importes que tenían depositados en el banco, que procedía a efectuar los pagos a quien le presentaba la letra.
Los cheques utilizados en una primera época eran totalmente manuscritos pero, hacia la mitad del siglo VIII, los bancos comenzaron a emitir cheques impresos y posteriormente se empezó a utilizar el cuaderno de cheques.
Las ventajas de estos instrumentos fueron evidentes: esas letras podían librarse por el importe exacto de las deudas, y su empleo permitía que los clientes no estuvieran compelidos al uso de grandes cantidades de billetes de banco o monedas. Por ello se generalizaron.
No obstante el origen inglés del cheque, el primer país que reglamentó su régimen fue Francia, el 14 de junio de 1865.
En nuestro país el ordenamiento del cheque, se encuentra regulado por la ley 24.452 (1995) que consagró dos clases de cheques: el común y el de pago diferido, y su modificatoria 24.760 (1997), las cuales se complementan con las disposiciones del Banco Central de la República Argentina.
Además la ley de cheques dispone que en caso de silencio, se apliquen las normas relativas a la letra de cambio y pagaré en cuanto fueren pertinentes.
FUENTE: ADMIVAL

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